La crisis lleva a que se pidan menos bajas por los accidentes laborales
Una limpiadora que se precipita al vacío mientras limpia los cristales, un obrero que muere por una explosión mientras trabaja en las vías del AVE, un albañil aplastado por una grúa… Son tres de las 737 personas que murieron en accidente laboral durante 2010. Es la cara más dramática de una realidad cotidiana demasiado aceptada: cada día, dos personas mueren en su puesto de trabajo y se declaran 2.133 siniestros laborales con baja. En todo 2010 se produjeron 1,4 millones accidentes de trabajo, según datos provisionales del Ministerio de Trabajo.
Aunque la cifra es elevada, supone una reducción del 10% respecto al año pasado. Los accidentes mortales también han caído un 12%. Pero también ha bajado la población ocupada. "Desde el año 2000 hay descensos constantes y significativos en el índice de incidencia, que ya tiene en cuenta la población ocupada y cuya caída supone sólo una pequeña parte de esta reducción. Las cosas se están haciendo bien", dice la directora del Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo (INSHT), Concepción Pascual, que destaca que las políticas de choque que se pusieron en marcha a comienzos de los años noventa han tenido su efecto. "Hemos avanzado en cultura preventiva", remarca.
A pesar de la reducción general de accidentes, hay un matiz significativo que los sindicatos relacionan con la crisis: mientras los accidentes que causan baja son cada vez menores (627.876, un 7,9% menos que en 2009), aumentan los que no generan baja (778.653, un 0,5% más que el año anterior). "El miedo a la pérdida del empleo, a la presión de las empresas, que reciben bonificaciones si reducen su siniestralidad, hace que suban los accidentes laborales sin baja", diagnostica el coordinador de la secretaría de Salud Laboral de UGT, Emilio González. En 2007, la brecha entre unos accidentes y otros comenzó a estrecharse hasta que en 2009 los que se declaraban sin baja superaron por primera vez a los que conllevan baja.
Desde CCOO, también apuntan a la crisis como probable desencadenante de este cambio. El secretario confederal de Salud Laboral de CCOO, Pedro Linares, lo califica de "presentismo"; es decir, que los trabajadores accidentados optan por no pedir la baja que les corresponde para evitar problemas. "Personas que en condiciones normales estarían de baja, en la situación actual de crisis y precariedad renuncian a este derecho y acuden al trabajo sin estar en condiciones de hacerlo, lo que obviamente está afectando a su salud", explica. La directora del INSHT admite esta relación de causa y efecto, aunque cree que es pronto para analizar a fondo sus características. "Sí puede tener que ver con la crisis en cuanto a que trabajadores que podrían pedir la baja no lo hacen o las empresas ayudan a que no quieran pedirla", dice.
Un mal en sí mismo
Aunque los sindicatos valoran la reducción de la siniestralidad, consideran los accidentes de trabajo como un mal en sí mismo sobre el que aún hay mucho por hacer. "Seguimos teniendo un diferencial con la UE importante y hay que ser prudente ante estas bajadas, que están relacionadas no sólo con la reducción del volumen de empleo, sino con el tipo de actividad; es decir, que si volvemos a nuestro modelo productivo de siempre, intensivo en mano de obra, basado en sectores como la construcción, es probable que los datos vuelvan a subir", explica Linares. Además, la crisis ha ocasionado la expulsión de miles de trabajadores y ha hecho que muchos de ellos pasen a la economía sumergida. "Es decir, que tenemos un porcentaje importante de accidentes que no se declaran", subraya.
Todas las empresas están obligadas a elaborar un plan de prevención de riesgos laborales. "Las condiciones de trabajo son el elemento clave de la prevención, desde el tipo de contrato, de horarios, de turnos, si trabajas cerca o lejos de tu empresa…", señala González. La temporalidad y la precariedad están directamente relacionadas con la siniestralidad.
Esa es una de las razones de que los jóvenes menores de 34 años concentren más de un tercio de los accidentes. El catedrático de Trabajo Social de la UNED, Antonio López, que ha estudiado este problema, asegura que la precariedad favorece la indefensión de los trabajadores. "El mercado laboral trata muy mal a los jóvenes y ellos se esfuerzan por ser aceptados. Además, se les tiende a dar ciertas cargas o riesgos precisamente por su juventud y fortaleza. El miedo al paro está haciendo que la gente esté aceptando peores condiciones de trabajo", señala.
Es el caso de Carlos. Con tan sólo 24 años, su mano derecha peligra. Después de año y medio en el paro, le ofrecieron un trabajo como montador de baños a través de una empresa de trabajo temporal. Nadie le explicó cómo debía hacer su trabajo. Tampoco le advirtieron sobre los peligros de usar ciertas herramientas. Le hacían contratos semanales. "Ni siquiera me dieron guantes, botas, gafas o mono. Todo lo puse yo, pero después de tanto tiempo en el paro no quería quejarme de nada", cuenta. A finales de octubre, mientras manejaba una de sus herramientas, su mano derecha quedó atrapada en un disco dentado que le rebanó el dedo pulgar y le causó importantes daños en el corazón y el índice. Luego descubrió que esa máquina era para uso exclusivo de oficiales. Él era peón.
Desde entonces, ha pasado por dos operaciones y recibe rehabilitación para tratar de recuperar la movilidad en la mano. "No sé como me va a quedar, pero estoy muy preo-cupado, pienso que ya no voy a encontrar trabajo. ¿Quién va a querer a alguien con la mano así?", se pregunta angustiado. A través de su padre contactó con CCOO, que le ha asesorado en el proceso. Ahora se plantea si emprender acciones legales.
La forma en la que se hace el trayecto de casa al trabajo y viceversa es también un factor a tener en cuenta. Es así como suceden los llamados accidentes in itínere. "Muchas empresas no lo consideran porque dicen que es un factor externo, pero no es así. La forma en que te desplazas, si lo haces más o menos cansado o sin haber pasado suficiente tiempo de descanso entre jornada y jornada laboral debería evaluarse como un factor de riesgo", asegura el responsable de UGT.
Un 30% de los siniestros laborales del año pasado fueron accidentes de tráfico. Para Linares, de CCOO, debería haber medidas específicas al respecto en los planes de prevención, como fomentar el transporte colectivo.
Enfermedades profesionales
Las enfermedades profesionales son la otra cara de la moneda de la siniestralidad. El año pasado se declararon casi 17.000. Los sindicatos denuncian que hasta el 80% de las enfermedades profesionales que existen se quedan sin declarar, entre otras cosas por la escasa relación entre las mutuas y los centros de atención primaria. "Normalmente, el médico que te atiende en el ambulatorio ni siquiera sabe en qué trabajas", dice González. Reclaman además más vigilancia de los inspectores de trabajo. "La crisis ha hecho que las prioridades sean otras y creemos que deben ser más exigentes con este tema", pide el secretario confederal de CCOO.
La atención a las víctimas es clave. Existen comisiones de prestaciones especiales, formadas por las mutuas, los sindicatos y la patronal, que aportan ayudas económicas a las víctimas de accidentes o enfermedades con necesidades especiales, como adquirir una silla de ruedas, adaptar la casa a algún tipo de minusvalía o, en el caso de familias de víctimas mortales, pagar una hipoteca que se dejó sin saldar. "Cada año se devuelve dinero porque la gente no conoce estas comisiones, las mutuas se lo callan", afirma González desde UGT.
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Absentismo: cada espanol falta 22 horas al mes al trabajo
Las empresas no creen que la crisis haya contribuido a reducir esta anomalia, segun un estudio de Adecco.
Hay una más que notable brecha entre las horas pactadas entre las empresas y los trabajadores y las que, finalmente, se hacen efectivas. Es decir, una ecuación de la que resulta el número de horas no trabajadas. En España, los asalariados se ausentan de su puesto laboral una media de 22,3 horas al mes, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) referidos al cuarto trimestre del pasado año.
En el desglose se observa que el desajuste es incluso mayor en las comunidades autónomas de Galicia (donde la media es de 25,5 horas al mes) o Asturias (25,2). Por el contrario, las tasas más bajas son las de Castilla-La Mancha (20,7) y Andalucía (21). Y es que, según el INE, se pierden de media unas 5,1 horas de trabajo a la semana. Eso sí, los empleados a tiempo completo duplican el número de horas de trabajo efectivo si se les compara con quienes lo hacen a tiempo parcial.
Cargas familiares
Además, según un estudio de Adecco, para el 59,26% de las empresas encuestadas, son las mujeres con cargas familiares las que más faltan a su puesto de trabajo, frente al 40,74% de los hombres con una situación similar. Sin embargo, libres de responsabilidades familiares, el absentismo laboral es mayor entre los hombres (14,8%), que entre las mujeres (9,3%). El informe también subraya que la media española, de un 5,35%, es superior a la europea, cifrada en un 4%. Y no parece que tales empresas contemplen el efecto de la crisis, porque un 60,4% considera que no ha tenido repercusión alguna. Entre los que sí consideran que la recesión ha tenido un efecto disuasorio sobre el absentismo, la sensación es que el miedo a perder el trabajo es el que más ha contribuido a reducir las ausencias innecesarias del puesto de trabajo.
En cualquier caso, no existen patrones oficiales para medir el absentismo laboral, pese a que se trata, en definitiva, de un problema que acarrea importantes pérdidas no sólo para las empresas, sino también para el propio Estado, amén de impactar de forma negativa en la competitividad. Precisamente, y en este marco, el Gobierno aprobó el viernes la Comisión Asesora de la Competitividad, un organismo que, al parecer, nace con la pretensión de orientar al Ejecutivo y a los agentes sociales en sus negociaciones y para arrojar algo de luz sobre este asunto. Aunque la patronal lo tenga claro.
Precisamente, la CEOE sacó la pasada semana a la palestra esta histórica demanda: el «combate», en palabras de su presidente, Juan Rosell, contra «los profesionales del absentismo laboral», que cifró en algo más de 1.100.000 personas al día en toda España, lo que, según sus estimaciones, se traduce en un coste del 1% del PIB.
La CEOE denuncia así que el absentismo agujerea las arcas de la Seguridad Social, que pierden 7.000 millones de euros anuales por esta causa. «Se lo hemos de poner difícil a los absentistas que no son reales», aseguró Rosell.
El asunto ya está encima de la mesa, en el marco de la negociación colectiva, porque «nunca como ahora», según el presidente de la patronal, «habrá una oportunidad para hacer cambios en profundidad».
Sindicatos
No obstante, los sindicatos no creen que el asunto se vaya a convertir en un pilar de la reforma laboral, aunque sí se muestran dispuestos a «crear una comisión o un grupo de trabajo» que pueda abordarlo. «Se puede hacer y se hará, pero, como mucho, en paralelo, como algo complementario», apuntan fuentes sindicales. No obstante, lanzan la advertencia de que «antes de dar el diagnóstico de la CEOE, deben estudiarse los datos reales existentes y separar el grano de la paja, porque, en su opinión, «no todo se puede considerar absentismo».
En cualquier caso, la negociación colectiva tiene ya otros escollos «prioritarios», entre ellos, resolver qué sucederá con las empresas sin representación sindical, donde los sindicatos proponen comisiones paritarias y aseguran que se oponen a que los empresarios ejerzan «un poder discrecional», es decir, el de que decidan «unilateralmente». De hecho, se prevé que esta semana se intensifiquen los encuentros para buscar un acuerdo.
La media en la Sanidad: 21 días de baja al año
Cada profesional de la Sanidad está de baja por enfermedad 21 días al año en la Comunidad de Madrid, según se desprende los datos recabados por la Consejería de Sanidad, referentes a las bajas por Incapacidad Temporal (IT). De este modo, cada empleado de alguno de los centros de salud o de los hospitales públicos de la Comunidad de Madrid está de baja por enfermedad una media de entre 20,88 y 21,84 días al año. Al mes, la duración de la baja laboral varía entre los 1,74 días de media en la atención especializada a los 1,82 días que se registran en primaria. De este modo, la Consejería desembolsa por el pago del salario a los trabajadores, en su tiempo de baja, más de 126 millones. Sumado al importe destinado a retribuir a los sustitutos de esos trabajadores, que ronda los 81 millones, el coste de las bajas por incapacidad temporal en la Sanidad de Madrid asciende así a un total de 207,7 millones de euros al año.
La propuesta de la CEOE, el control de las mutuas
– Más de un 75% de los empresarios han optado voluntariamente por cubrir las Contingencias Comunes (ITCC) de sus trabajadores con las Mutuas de Accidentes de Trabajo. Y la propuesta de la patronal de los empresarios (CEOE) apunta en esta dirección. Uno de los argumentos que aportan es que la duración de los procesos de baja por ITCC en las Mutuas duran un 26% menos que en las Entidades Gestoras de la Seguridad Social: si la duración media de los procesos de ITCC de la población cubierta por las Mutuas es de 35,69 días, la media en los casos cubiertos por las gestoras de la Seguridad Social asciende a los 48,07 días.
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Una lacra para la economia; por Inigo SAGARDOY
El absentismo es una de las principales preocupaciones de las empresas no sólo en los momentos actuales sino desde hace ya bastantes años. Pero quizá este problema emerge de forma más palpable en situaciones de crisis. Tenemos numerosas estadísticas donde España aparece como la campeona de los índices de absentismo laboral en Europa. ¿Por qué sucede esto? No creo que la respuesta se deba a que los trabajadores españoles y las empresas para las que trabajan sean cualitativamente distintos de los europeos, ni que gocemos de peor salud que nuestros colegas extranjeros, más bien al contrario. Entiendo que las razones fundamentales que nos llevan a estas cifras descansan en dos claves: una cierta cultura de relajación a la hora de cumplir nuestras obligaciones laborales por motivos diversos (desidia, desmotivación, estrés, etc.); y un sistema legal y de control que no ayuda a mejorar la presencia laboral. Creo que hay que actuar firmemente en ambos frentes.
En efecto, en primer lugar, más que actuaciones sancionadoras o punitivas se debe propiciar una cultura empresarial y social en positivo para conseguir una disminución sustancial del absentismo. Medidas como la flexibilidad horaria o la vinculación salarial a objetivos colectivos concretos serían buenos. En segundo lugar, hay que actuar en el plano legal con propuestas decididas:
1. Configurar como obligatoria la asistencia de los trabajadores a los reconocimientos médicos (con salvaguarda de la intimidad) que directamente o a través de entidades contratadas por la empresa establezca el empresario, y establecer la pérdida automática de los complementos empresariales a la prestación por IT.
2. Redactar en términos más claros el despido objetivo por ausencias en el trabajo, de forma que los supuestos de ausencia excluidos del cómputo sean menores, facilitando la interpretación y aplicación del supuesto de hecho a los casos concretos de cada empresa.
3. Establecer un régimen legal que clarifique los posibles criterios de limitación de los complementos de Incapacidad Temporal acordados en los convenios.
4. Involucrar más a las mutuas de accidentes de trabajo en la gestión integral del absentismo en las empresas, sin eliminar el papel necesario de los organismos de la Seguridad Social.
Como se ve, todavía queda mucho camino por recorrer.
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Mutuas de Accidentes de Trabajo: Por la estabilidad en el empleo
Últimamente, no paramos de oír hablar de las partidas millonarias que ha dispuesto el Ministerio para las Mutuas de Accidentes de Trabajo, para su utilización exclusiva a la hora de ejecutar despidos. Sobre esta circunstancia, desde FeS-UGT queremos hacer varias apreciaciones.
Es vergonzoso como se está tratando al colectivo de Mutuas, y muy especialmente a sus trabajadores, por parte del Ministerio. No parece lógico pensar que la gestión ha sido mala, ya que cada vez nos transfieren mas parcelas (contingencias comunes, autónomos?), es decir más trabajo. Sin embargo, parece que los trabajadores merecemos ser castigados por algún tipo de pecado original que desconocemos.
Resulta paradójico, que la Administración plantee alegremente que estamos sobrecargados de personal, tras conseguir excedentes por más de 600 millones de euros en 2010? En algo habrán contribuido los trabajadores, esto no es un premio de la lotería, es el resultado del esfuerzo de muchos de nosotros.
Además nos preguntamos ¿sobrecargados con respecto a qué y a quienes? Sin entrar a mayores, los trabajadores de base de las Mutuas, saben muy bien que su carga de trabajo ha crecido, no hay sustituciones, no hay suplencias y se amortizan casi todas las vacantes.
Así pues, los trabajadores de las Mutuas tenemos que soportar que, además de la reducción y congelación salarial a golpe de decretazo, en agravio comparativo con otros colectivos excluidos expresamente del RDL. 8/2010, y con sueldos sensiblemente mayores (ADIF, AENA?), se nos tache poco más o menos de "vagos"? ESTO ES UNA AUTENTICA VERGÜENZA.
En estas partidas presupuestarias observamos una contradicción. El Ministerio recorta y congela salarios, al mismo tiempo que dispone una nutrida partida presupuestaria para que la Empresa despida a sus trabajadores, esto significa más excedentes. Y en el momento en que los autónomos cubran sus contingencias profesionales en las Mutuas, habrá más cuotas, más trabajo y, seguramente, más excedentes. FeS-UGT exhorta a las Mutuas para que no caigan en la tentación de utilizar esa partida presupuestaria, y luche por poderla aplicar a otras partidas con carencias. Aquí no sobra nadie, en todo caso falta.
¿Es que los trabajadores de las Mutuas no merecen un respeto y una compensación por el trabajo bien realizado? ¿Es así cómo se premia el esfuerzo y tesón? Al parecer, para la Sª de Estado de la Seguridad Social sí, porque a alguien de la misma le debe de molestar mucho que la profesionalidad, el esfuerzo y dedicación tengan una compensación económica, ya que esa persona no debe ni saber lo que son?
En la lucha por reducir costes, o quizás deberíamos decir, de generar más excedentes por parte de las Mutuas y de obtener liquidez por parte del Ministerio, comprobamos que la forma de conseguirlo es mediante el despido de trabajadores, parece que no importan los medios, únicamente importa el resultado final. Ningún trabajador se encuentra a salvo de esta arbitraria forma de reducir costes, los noveles por el bajo coste que supone su indemnización y los veteranos, al tener mejores retribuciones, por un mayor ahorro presupuestario.
En este despropósito, nos preguntamos en que lugar quedaría la Responsabilidad Social de las Empresas y el nivel de excelencia perseguido, así como la responsabilidad social del Ministerio, que utiliza medios tan expeditivos como la presunta inducción al despido, eso sí, por causas objetivas con mínimo de indemnización para gastar lo menos posible de la desacertada partida presupuestaria, en lugar de trabajar para crear y afianzar el empleo.
Desde FeS-UGT luchamos sobre todo por la estabilidad en el empleo, sin renunciar a las legítimas reivindicaciones económicas, tal como venimos haciendo, pero repetimos, principalmente por la estabilidad en el empleo, por TODOS Y CADA UNO DE LOS PUESTOS DE TRABAJO.
Es vital en este asunto, la participación de todos los trabajadores, la pasividad en este tema sólo nos llevará a más desánimo y más debilidad, ante quién, de forma fría y esgrimiendo lo que ellos llaman criterios objetivos, practican estas políticas, sin observar el drama humano que llevan implícitas.
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La Mutua de Accidentes de Canarias y Femete firman un convenio para reducir la siniestralidad laboral
Tras suscribir el acuerdo, MAC y Femete trabajarán juntos en el desarrollo e implementación efectiva de la prevención de los accidentes laborales y de las enfermedades profesionales en el tejido empresarial canario, manteniendo su lucha conjunta por mejorar la salud y la seguridad entre los trabajadores.
En este sentido, la colaboración conlleva la puesta en común de determinados medios y recursos que van a asegurar un servicio de máxima calidad, tanto asistencial como en el plano de asesoramiento directo y de divulgación al empresariado que lo requiera.
Sobre el convenio, Manuel Rodríguez Rosario, director gerente de MAC, ha mostrado su satisfacción por "estrechar lazos con Femete, principal agrupación del sector", para que descienda la siniestralidad laboral que afecta a este grupo de empresarios y trabajadores.
Por su parte, José Luis García Martínez, presidente de la patronal tinerfeña del metal, manifestó que este acuerdo era necesario para contribuir a reducir el número de accidentes y de enfermedades profesionales, aumentando las acciones de prevención, ya que a través de este convenio más de mil empresas isleñas podrán beneficiarse de las ventajas que implica una buena salud laboral.
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El medidor de ausencias
Juan Rosell eligio el absentismo como eje de su intervencion en la Moncloa
Recontar los votos en unas elecciones y atribuir méritos o fallos de cada candidatura no es difícil. Explicar la abstención sigue gastando mucha tinta, aunque sea derivada del petróleo. Determinar cuánta gente ha visto un programa de televisión u otro y durante cuánto tiempo es el principal motivo de discusión de los programadores de televisión y su famoso share. Pocos se detienen a medir cuánta gente no ve televisión y sus motivaciones. Con estas experiencias, pensar que el absentismo laboral es solo el resultado de restar a la lista de ocupados y de parados los que no han podido acudir a su centro un día o muchos es del todo insuficiente.
La discusión está servida, aunque es más pertinente decir que está recuperada, porque se ha sacado de la nevera. Lo ha hecho el presidente de la CEOE, Juan Rosell, que nunca da puntada sin hilo. Al salir de la cumbre de la Moncloa (la de los 40 principales que dicen representar la mitad del PIB español), Rosell dijo que es prioritario luchar contra el absentismo laboral. Días después, el expresidente de Foment puso cifras entendedoras: «Del millón de personas que hoy no han ido a trabajar, 400.000 lo hacen sin causa justificada». La cifra, aunque imprecisa, no puede despacharse diciendo que es una exageración. El problema es otro.
¿Qué se entiende por absentismo? La etimología es claramente latina, pero no su concepto económico. Uno de los principales investigadores del llamado absentismo (ausentismo) laboral, Carlos Obeso, director del Instituto de Estudios Laborales de ESADE, explica en sus trabajos que el absentismo tiene origen anglosajón (costumbre de los propietarios irlandeses a vivir lejos de sus tierras inglesas) y solo hasta hace poco el diccionario español lo ha definido como la ausencia deliberada del trabajador de su puesto de trabajo.
Cuestión distinta son las causas. Como sucede con las elecciones o las audiencias. Es fácil clasificar los tipos de contrato o, más genéricamente, a qué persona se le considera empleada y digna de constar como tal en la encuesta de población activa, pero es mucho más dificil clasificar las ausencias justificadas. De hecho, Obeso ha advertido más de una vez de que si el problema fuera tan grave, se habrían dedicado muchos más estudios de los disponibles, «como hacen las asociaciones de jefes de personal» -perdón, de recursos humanos-. En el barómetro Egarsat que dirige Obeso se incluyó en una ocasión una encuesta muy reveladora: la tolerancia que un trabajador siente hacia las causas por las que un compañero está ausente. Se dan como lógicos la maternidad (¿entra en la clasificación de los 400.000?), o el accidente, sea o no sea laboral. Lo que menos cuela, en términos coloquiales es el dolor de cabeza, el de espalda o la reunión sindical. La suplencia del ausente se cubre con más aceptación en casos como la defunción de un familiar o la mudanza. No obstante, son las enfermedades vinculadas al estado de ánimo las que generan más dificultad de comprensión entre los compañeros del afectado. Este epígrafe sí tiene especial significado, porque su progresiva extensión como causa de solicitud de baja provoca con frecuencia el enfrentamiento entre médicos y jefes de personal.
Hay otras divisorias. Hombres y mujeres valoran de forma distinta la ausencia por razones familiares. Otra tiene su carga política, aunque Rosell no lo escatimó en una de sus intervenciones: «Que se publique también la estadística por territorios», dijo en Zaragoza. Dice la leyenda que en Jaén era incompatible fabricar coches con recoger aceitunas. O que demasiados trofeos futbolísticos reducen la productividad de los hinchas el día siguiente.
Rosell sabe que ha reabierto la polémica. Especialmente por la gestión por las mutuas de las bajas y altas médicas, pero no las laborales, que no son de su competencia. ¿Es lo que se quiere? Con otro problema añadido: si la reducción del gasto público alarga las listas de espera médica, también se retrasará la reincorporación. Más polémica digna de medición.
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